¿Cómo nos lava el cerebro la industria musical?

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Lavado de cerebro es, después de todo, la manipulación mental de las personas de manera involuntaria. Parece una locura, pero algunas investigaciones demuestran las formas que puede emplear la industria musical   para hacernos consumistas de sus producciones.

Raves

1) Tócala otra vez (y otra vez)

Un estudio de investigación realizado en 2011 por fMRI mostró que la exposición repetida de una canción despertó centros emocionales del cerebro (incluyendo los que afloran la felicidad) y reaccionar cuando escuchamos una canción que hemos escuchado antes, incluso cuando ésta no nos gusta. De hecho, el cerebro nos traiciona mostrando placer al oír una canción que no es de nuestro gusto, pero que hemos escuchado antes con más frecuencia que cuando oímos una nueva canción que está entre nuestras preferencias. Preguntémonos entonces, ¿qué canciones he escuchado la primera, segunda, tercera vez… y ahora la estoy cantando?

2) Presión de los amigos

El trabajo de los administradores de artistas, empresas de relaciones públicas, y la misión de los anunciantes es asegurarse de que el mayor número posible de personas estén hablando y reproduciendo una pista. Ellos envían listas de correo a cientos de medios de comunicación, y cuanto más se registren en el entorno, porque es nuevo (no necesariamente porque es bueno), más gente va a asumir que es popular. Y una canción popular es la segunda cosa más importante para manipularnos.

Debido a la unidad del ser humano para adaptarnos cuando observamos que una canción parece que gusta, sentimos que si no nos gusta es que estamos equivocados; y mientras algunas personas prosperan llevando la contraria, la mayoría de la gente tiende a identificarse con las mismas cosas que a todo el mundo le gusta. La idea de que la canción debe ser muy apreciada se ve reforzada por el hecho de que los medios sociales, estaciones de radio, la radio por Internet, y los blogs de música están repitiendo como loros la canción promovida, reproduciéndola una y otra vez; y aquí es donde volvemos al punto 1.

3) El estado de ánimo

El último de los trucos que la industria musical emplea para que nos enamoremos de sus canciones es influyendo en nuestro estado de ánimo, en el momento en que las estamos escuchando tanto como sea posible. Si estamos felices o un poco borrachos, somos un objetivo de primer orden para que nos guste una canción aunque no sea realmente tan buena, sobre todo si la escuchamos varias veces con los amigos. Mientras que la memoria humana es algo muy complicado, la clave de todo es que a las cosas como el sonido, el gusto, la sensibilidad (tacto) estimulan la vitalidad y la capacidad de recuperación de algún recuerdo; tal como sucede cuando comemos algo y luego tenemos un mal día… nunca más queremos deglutir esa comida de nuevo.

Un lugar perfecto para escuchar canciones por primera vez es en un festival, razón por la que tantos DJs construyen su multitud de fans y liberan nuevas canciones allí. Ahí está el hecho de ir a escuchar la misma canción, o versiones de la misma, poniéndola una y otra vez. Estar con los amigos escuchando la misma canción (y cerca de 100.000 extraños, así, lo que sin duda da la impresión de que la canción debe ser muy popular), es tener la camaradería, la bebida y una hermosa puesta de sol, lo más probable es que nuestro cerebro comience a gritar “yo amo esta canción”. Es casi imposible, después de esa noche, recordar que siempre has odiado esa canción y al DJ que la puso. Por supuesto, si una canción se escucha demasiado hasta alcanzar su punto de saturación, escuchar las primeras notas de la misma hará que deseemos lanzar el mundo al fuego. Todo esto nos hace reflexionar, sin embargo, ¿alguna vez ha sido realmente porque me gusta o mi mente está siendo manipulada?

Por: José Alvarado

tebeneitor@gmail.com

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