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Las drogas siempre han estado de forma directa o indirecta en la escena de la música. Sin embargo, en los años noventa, las políticas de estado conservadoras comenzaron una cacería de brujas al sancionar moralmente al mundo de la música electrónica por el uso de drogas. Un tema que se fue agravando en el tiempo gracias a las publicaciones sensacionalistas que han naturalizado la reputación de la cultura de la música electrónica como una “cultura de drogas” en nuestra sociedad.

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De esta manera, la escena electrónica es utilizada por el Estado como chivo expiatorio de los problemas sociales más amplios relacionados con el abuso de sustancias. Fenómeno que ha interesado a una cantidad representativa de activistas en las reformas sobre las leyes de las drogas, apoyados por investigadores y trabajadores de la salud, que han enfebrecido el debate sobre el tema y dado prioridad a la música electrónica como sitios importantes para la intervención, educación e investigación.

Todo esto ha derivado en varios comportamientos referidos en las políticas legales para abordar el fenómeno desde hace décadas, puesto que algunos sistemas conservadores se desviven por erradicar las sustancias de la sociedad a partir de políticas guiadas por la “tolerancia cero drogas”, otros más sofisticados y liberales desean incluir, en la medida de lo posible, las sustancias con “políticas reformistas” en la sociedad, apoyados por investigadores en el campo de la salud, lo científico y lo humano guiados por los principios de la “reducción de daño”.

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Políticas “tolerancia cero”

Son una instrumentación legal que busca la erradicación de la drogas de la sociedad con severas sanciones, en pro que el individuo internalice la abstinencia total de las sustancias; entre ellas destaca “La guerra contra las drogas” dada en 1971 en los Estados Unidos e introducida durante el gobierno de Richard Nixon, una de las políticas de drogas más restrictivas y punitivas que se han visto, porque el panorama jurídico global de esta instrumentación legal estaba orientado hacia la erradicación de la droga, la abstinencia y la tolerancia cero. Que por su ortodoxia terminan mal, como la prohibición del alcohol en los Estados Unidos en la década de los 20, que llevó a la droga a una dimensión clandestina, donde la combinación de los hechos delictivos organizados, las violentas redadas policiales, sumado a las bebidas mal destiladas y a la ansiedad de los consumidores,  ha causado que beber alcohol fuese insosteniblemente riesgoso en esos años.nixon2

De este grupo de políticas y sus fracasos se deriva una posición intermedia. Estas leyes mantienen el principio de prohibición, pero hay más consideración en cuanto a la seguridad de la droga y el tratamiento de la adicción. Un ejemplo puntual de estas políticas es el llamado “sistema británico,” un paradigma legal de principios del siglo 20 que hace una separación del tratamiento médico de los individuos con adicciones y por el otro lado, el uso recreativo de drogas.

Por otra parte, el último gobierno británico reformista, dado desde 1997 al 2010, apoyó algunas iniciativas para incluir a las drogas de una manera viable en la sociedad, pero esto disminuyó a medida que los partidos tradicionalistas daban un giro al panorama político, lo que ocasionó la pérdida de toda capacidad de inclusión, cuando el conservador David Cameron llegó al poder y despidió de forma indirecta a toda organización que buscaba la inclusión social de drogas. Este problema ha enfatizado la división entre reformistas y conservadores, colocando a las drogas en el medio del debate, mientras el nivel superior de la política conservadora ha buscado la “tolerancia cero”, los ciudadanos locales han buscado apoyo en los escasos consejos regionales y fuerzas policiales que mantienen “políticas reformistas” en algunos condados bajo el sistema tradicional “sistema británico,”.

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Políticas “reformistas”

Son postulados de naturaleza argumentativos, que nacen en el seno de organizaciones sin fines de lucro y buscan una salida conciliadora al fenómeno de las drogas; pueden tener gran impacto en las políticas gubernamentales. En los Estados Unidos, por ejemplo, la Drug Policy Alliance, con sede en Nueva York, ha jugado un papel importante en las reformas de las políticas de drogas en Estados Unidos. Esta organización se ha opuesto al legado de “la guerra contra las drogas”, defendiendo un enfoque fundamentado en la salud, la ciencia y la compasión en lugar de la “tolerancia cero”, la hostilidad y las detenciones. Los grandes esfuerzos generados por la DPA se han centrado en poner fin a las detenciones pertenecientes al consumo de marihuana, por medio de la presión para la aprobación de leyes en los estados para permitir la marihuana medicinal, o mediante el apoyo a los esfuerzos de legalización que han tenido un amplio éxito en Washington, Colorado y DC; así como Uruguay y Colombia.

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Actualmente, la organización Drug Policy Alliance se ha interesado por las reformas políticas que están afectando las escena de la música electrónica en clubes y festivales, en la mayor parte de sus argumentos se involucra la música Dance, a través de las investigaciones de Stefanie Jones. Gracias al boom actual de la música electrónica en los Estados Unidos, Jones vio una nueva oportunidad para establecer presión al Congreso con el tema y buscar soluciones factibles en la reforma de drogas:

A medida que el interés por la música electrónica y la cultura comenzaron a expandirse, volví a mi organización y dije: hay un lugar para la Drug Policy Alliance aquí.

En sus avances en esta lucha, Jones ha apoyado a Dede Goldsmith, una residente de Virginia, quien ha perdido a su hija de 19 años de edad, Shelley, por un golpe de calor bajo de los efectos del MDMA en un concurrido evento de EDM en Washington, DC, el 31 de agosto de 2013.

Goldsmith realizó una campaña para que no se vuelva a repetir una fatídica experiencia de tal magnitud, presionando al Congreso estadounidense para añadir instrucciones a la Ley RAVE, que permitan explícitamente a organizadores de eventos y dueños de locales poner medidas que reduzcan el riesgo de emergencias médicas, relacionadas con las drogas. Esfuerzo que Jones ha apoyado en sus años de experiencia en la política de drogas y los recursos de la Drug Policy Alliance para ayudar a Goldsmith a promover su campaña y conectar con los legisladores en el Congreso. Pero no solo Drug Policy Alliance ha ayudado a desmentir la visión negativa de los fármacos, muchos científicos han reforzado esta visión con sus investigaciones, pero han encontrado grandes obstáculos por las políticas estatales y sus financiamientos.

Las políticas de drogas y el poco interés del Estado por la investigación

Hace un par de años, varios investigadores en el ámbito científico y humano, dieron  un paso firme en los estudios rigurosos de las sustancias controladas. Pero se han encontrado, entre muchos de los obstáculos, las sanciones morales de la sociedad que se reflejan en la poca importancia que da el estado a dichas investigaciones. La Dra. Doris Payer, con estudios doctorales, post doctorales y con investigaciones en neurociencia traductiva de adicciones en la universidad de Los Ángeles, comenta su experiencia:

No se puede hacer una investigación a menos que se obtenga financiación, y los organismos de financiación tienen prioridades de financiación. En pocas palabras, esto significa que existen organismos con mucho dinero, dedicados a la investigación y financiados por el estado que tienen poco interés en los proyectos de investigación que pueden cambiar nuestra comprensión de sustancias controladas; las instituciones de alto rango y prestigio, tienden a ser conservadoras y se cuidan para proteger su reputación

En este contexto, los investigadores deben tener permisos y clasificaciones para manipular las sustancias controladas. Según Payer “En el caso de drogas ilícitas, esto muchas veces implica una licencia” burocracia que entorpece y retrasa la investigación, sumado a la concepción de tabú que tienen las editoriales académicas sobre estas investigaciones:

¿Dónde van a publicar tus resultados? Resulta que el mundo de las editoriales académicas tiene sus propias tendencias y prejuicios que hacen que esto sea especialmente difícil para la investigación basada en drogas.

Sin embargo, la Fundación Beckley, que promueve la investigación de la conciencia y sus cambios desde una perspectiva multidisciplinaria, ha apoyado y ha sido una gran promotora de las investigaciones basadas en las drogas, un espacio que demuestra las bondades de las drogas en el ámbito científico y humano que se suma a un frente sólido contra la hostilidad de los pensamientos conservadores del estado, derivando de todas estas contiendas científicas, morales y estatales los “principios de la reducción de daño”.

Principios de la “reducción de daño”

Basado en investigaciones de tipo: etnográfica, cualitativa, social y práctica, que permiten abordar las sustancias psicoactivas a través de sistemas de apoyo como el que ofrece el equipo de investigación de la socióloga Deirdre Ruane, titulado “apoyo psicodélico”, que ya se está haciendo más recurrente en las políticas de seguridad social utilizadas por los promotores de festivales de música electrónica. Los servicios de “apoyos psicodélico” proporcionan un espacio seguro y con gente calificada para ayudar a calmar a las personas que están bajo los efectos de las sustancias psicoactivas, que estén pasando un mal rato.

Si alguien está teniendo un mal viaje… Vamos a ayudar la persona que lo sufre mientras el viaje dure.

Estas políticas de seguridad que se han implementado en festivales de música electrónica, como: Lightning in a Bottle, en los Estados Unidos, Fusión en Alemania y BOOM en Portugal. Gracias a las políticas reformistas, a las investigaciones y a los principios de reducción de daño, este año se visualiza un buen panorama para las sustancias controladas, al ser incluidas en el rol social de algunos territorios del mundo, que cada vez más y más se van deslastrando de las aptitudes negativas y conservadoras que les ha atribuido el Estado a las drogas.

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